¿Cuántas veces hemos buscado

una ciudad a la cual pertenecer

una ciudad que nos posea

que abra su ser

y nos ayude a recorrerla

por su sangre navegar

que nos lleve de la mano

y nos enseñe a vivirla?

Mi ciudad soy yo

la llevo dentro

no me puede poseer

porque yo la poseo primero

la llevo a todas partes

y la fundo en cada punto al que voy

N.

27 May 2010

La Paliza. La misma escena, pero escrita con un poquito de pasión.

Carmen iba corriendo feliz por entre los matorrales con sus cuatro hermanitos. Les habían dado permiso de ir a bañarse en el pozo. Su madre le había advertido, como siempre, que debía regresar al cabo de una hora y la niña conocía muy bien las consecuencias de no hacerle caso.

Al llegar, se quitaron las alpargatas, se dispersaron saltando, nadando, deslizándose por sus toboganes naturales; y buscando piedritas para lanzarlas al agua y luego sumergirse a pescarlas.

Esto último es lo que más le gustaba a Carmen. Ahora buscaba una piedra más grande, para lanzarla con los ojos cerrados y hacer su juego más interesante. Por fin la encontró y la lanzó. En ese instante, Melquíades saltaba de una roca a la otra sin darse cuenta de lo que hacía su hermana mayor. La piedra voló por el aire y tropezó con el brazo del niño. Carmen abrió los ojos cuando oyó el reclamo de su hermanito, y soltó una carcajada que hizo molestar a Melquíades.

Llegó la hora de regresar y Carmen arreó a sus hermanitos uno a uno. A mitad de camino, Melquíades se desvió con una sonrisa en los labios y se escondió en los matorrales. Cuando Carmen notó que el niño no estaba, se detuvo a buscarlo. Carmen se impacientaba, los minutos estaban pasando. De repente, salió Melquíades saltando y riendo. Ya Carmen iba llena de miedo. Había pasado mucho rato.

La madre los esperaba en casa llena de angustia e iracunda. Al pasar el umbral de la casa, sin decirle ni una palabra, la madre tomó a Carmen por el brazo, la arrastró hacia adentro como un tapete, y le dio una paliza con una rígida tira de palma. Carmen, estoica, sin soltar ni una lágrima, se juró a si misma que algún día se iría de su casa.

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